UN MADRID TEMBLOROSO Y UN ELCHE VALIENTE FIRMAN UN EMPATE QUE SUPO A BATALLA
En un partido físico, trabado y emocional, el recién ascendido sorprendió al Madrid dos veces, resistió en bloque bajo y terminó cediendo el 2–2 en un cierre electrizante
El Martínez Valero vivió una noche eléctrica, tensa y cargada de nervio. Los puntos compartidos fueron suficientes para que el Madrid retome el liderazgo del campeonato y lo sobreponga por el Barcelona. Elche y Real Madrid firmaron un 2–2 que tuvo más de combate que de juego fluido, pero a partir de ahí la historia fue mucho más que un marcador apretado. Fue una noche de choques, desgaste y un Madrid que, por momentos, pareció atrapado en su propia desorientación ante un rival que jugó como si llevara años en Primera.
Desde el inicio se vio que el Madrid no estaba cómodo. Le costó sostener la pelota, perdió duelos que suele ganar y nunca consiguió dominar la velocidad del partido. Cada recuperación local levantaba al estadio, que sonaba como si fuera una final y no un partido de liga. La ilusión por el regreso a Primera estaba en el aire y se transmitía en cada balón dividido. El segundo tiempo arrancó con una doble descarga de adrenalina: primero un paradón que evitó el gol tras el tiro de Rodrygo y, poco después, la respuesta de Courtois para sostener a un Madrid que empezaba a sufrir demasiado.
En el 52’, Febas adelantó a los locales después de una asistencia de tacón de Germán V. que sorprendió a todos y dejó al balón entrando lento, casi tímido, pero imparable. El gol obligó al Madrid a cambiar el guión. Vinícius Jr., Valverde y Camavinga entraron con piernas frescas para intentar darle un nuevo pulso al equipo. Elche se replegó en un bloque bajo casi heroico, defendiendo el 1–0 con uñas, dientes y piernas que ya empezaban a pesar. Dean Huijsen empató en el 77’ y, por unos minutos, pareció que el peso del gigante terminaría inclinando la noche. Pero el Elche no estaba para rendirse. A los 83’, el ex-canterano del Real Madrid, Alvaro Rodriguez firmó un golazo que devolvió el 2–1 y encendió una alegría que parecía imposible de contener. Duró poco. Tres minutos después, en una jugada polémica que deja a Sotorres con la nariz ensangrentada, Bellingham apareció en el área para empujar el 2–2 y dejar el partido en un estado de incertidumbre total. En el minuto 96, Víctor Chust frenó a Mbappé tirándole de la camiseta y vio la segunda amarilla, dejando al Elche con diez en los últimos compases. El equipo local resistió como pudo, empujado por un estadio encendido, mientras el Madrid buscaba el gol del triunfo sin demasiada claridad.
Más allá del marcador, el Elche dejó claro que quiere demostrar que pertenece a la élite. Jugó con intención, con carácter, con la idea de mirarle al Madrid a la misma altura. Le discutió el ritmo, le peleó cada balón dividido y consiguió que los blancos no manejaran el partido como acostumbran. No fue una actuación defensiva por obligación, sino una postura: competir de verdad en Primera.